Sentí miedo, temor, de no tener brazos a quien recurrir... Al fin y al cabo no eran dos, sino tres magnos poderosos que se peleaban por salir. Gratuito, fortuito e inesperado, quien sueña con ser cuatro personas a la vez, se hubiera sentido incompleto conmigo al lado.
Resulta que algunas veces los desastres tienen rostro, que esperan a ser arreglados, porque se aburren de tanto intentar hacerlo, es que no está bien que aguarden y mucho menos que se acuerden de ellos. A ratos el tiempo corre o tiende a parecer eterno, así mismo caen gradualmente las hojas, así mismo aparece la conciencia del propio abandono y el deseo de estar sólo para verse unificado con el miedo de la Nada.
A todo esto, también las tragedias viven cada día, obvian sentimientos, y se esconden en lindas máscaras o atractivas presentaciones para no dejarse ver, no entienden de economía y mucho menos de razón y lógica. Se pierden en los tumultos y manejan muy bien el arte de gritar.
Es raro eso sí, encontrarse con caos esporádicamente... dependiendo de la época del año aparecen con frecuencia y poco impacto; tienden a olvidarse en la memoria colectiva cuando ven pasar una sonrisa ensordecedora frente a la condicional aceptación. Lloran, se esconden en disimulados bostezos que confunden sus lágrimas con el momento y no saben cuándo dejarán de estar.
No ser más que quién se busca para no tenerse, ser capaz de separar dentro y fuera de sí universos de supuestos paralelos... y aún así esperas la lluvia. De tanto temer dentro, sólo quieres venganza por no poder solucionarte; desesperas en instancias que deberías no dudar, no sabes vivir y esperas que alguien te enseñe.
Se perdieron los motivos y aguardas garantías de lo que no has presenciado, no es más que cuestionar el firmamento vacío de tí y lleno de todos; doble interpretación a lo que sabes no vendrá... no es de temer, es de existir, es de sentir... sí, sentir, aquello de lo que no te permites y te estás negando constantemente. Sabes que no puedo, sabes que lo intento; sabes que estoy fallando, sabes que no me queda más que pelear por no aceptarlo. Y es que entendí que no tiene más motivo que la esencia, que no sirve preguntarle a los extremos si saben qué es lo correcto, lo ético y lo que esperan que hagas; que no se vive entre circunstancias inestables como quien escribe. Y así se esfuman viejas maquinaciones acerca de lo que ibas a emprender alguna vez en tu infancia llena de risa.
No sé, a veces los colapsos caminan frente a tí, las masacres y las desgracias con ideas propias se ríen en tu cara, y sí... los Desastres viven enfrentándose a la nada llena de lapsos; no sé.