28.4.08

¿Podemos?

Dicen, tres veces y pierdes... llevo la vida entera ¿por cuántas vale?
Será como extraviarse una tarde completa en la ínfima extensión del bello Portofino ubicado en las costas itálicas, esperaría fuese un sueño que no quería recordar. Escuché de manera explícita que debía hacer algo, asumí de modo incuestionable que era así. Hoy, la lluvia que inundó los parabrisas de cada mente que se dignó a poner un pie fuera de su refugio, me terminó de colmar la poca paciencia que le tenía a la ilógica puntualidad; cómo esas veces en que miras al cielo, ves nubes y te auto - convences de que todo tiene un curso casi perfecto, pero en realidad no sabes ni por qué estas vivo. Para qué casi matarse por llegar a un supuesto, si cuando sea así no quedarán más opciones que rendirse a la verdad, y aceptar ese rastro que te lleva siguiendo desde que naciste, esa marca, ese distintivo indicador en la masa colectiva que avisa el catastrófico desastre que eres; que amenaza con la solitaria cercanía, para evitar hecatombes imperiales y derrumbes neuróticos de cada par de ojos que se dignó a discriminar tu exterior, siendo la expresión de tu más íntimo inconsciente.

Es temporal, accesorio, hecho para cubrir y encubrir aquellos insignificantes y mundanos deseos que llevan a buscar una nueva manera de motivarse al despertar cada mañana... Suena depresivamente derrotista, pero qué; acaso me mentiras y me contrarrestaras con aquel clásico cliché de que la vida es bella; pues descepcionate. No tiene aptitud de ser cualitativa, no es sólo ser, existir, implica también un razonamiento bastante complejo y abstracto, que conlleva no sólo a la cobardía de ridiculizar porque sí, sino que también a la interminable e incontestable duda que define cual sea el curso que tu conciencia cree como el menos inestable... Estabilidad, palabra extraña, a mi parecer, para la especie de seres pensantes, según concensos buscamos equilibrios estables y equitativos, hasta hace poco me encontré perdida en el laberinto de la imposibilidad de alcanzarlo, así me trataron de extraña, me acusaron de mentirosa y me delataron frente la inminente propiedad de la nada, ¿de qué?, pues de que no llevara contenido que llenara a cualquier vaso esencial que optara por ubicarse frente a mí más que la propia locura que me otorgó la incertidumbre de la existencia, porque definitivamente no tenía nada que entregar ni ofrecer, y porque cruzar esa mirada conmigo era perder cuantiosos y costosos segundos en el tan cotizado tiempo que se mueve hoy en día por las calles del transitado centro.

Me preguntaron dónde había ido, me dijiste que había gestos míos que se te quedaron marcados en mínimos recuerdos, obvié que sabías aquello que nunca quise decirte, y aún así el mañana se olvidó de tratar ciertos temas en nuestra reunión; es que no llegó, sólo apareció la redundante y melancólica memoria acompañada de todas esas instancias que quisiera dejar atrás y que no hacen más que traer al presente lo que duele la mala suerte y una garganta aburrida de reiterarse en los mismos errores. 

Volviendo a la celebridad de ponerle nombre a todo... "El ser humano es el único que se tropieza hasta dos veces con la misma piedra"; no calzo. He chocado cantidades eternas con el mismo muro, con la misma equivocación y la tan parecida pérdida de tiempo en ilusiones, es que siempre termino en lo mismo, en la resignación.
Quiero que cuestiones conmigo, que me hagas entender lo que una noche de lluvia silenciosa no pudo hace décadas atrás. Quiero que no seas esa memoria imposible que sé nació y murió en el siglo que viene; a veces, de manera egoísta, quiero tantas circunstancias, me molesta cuando lees y entiendes lo que pienso, sabes que no haré nada, sé que tú menos; pero existe una incoherente y azarosa coincidencia. Místico e inagotable, cuando se vuelva más implícito avísame, ahí estaré.

23.4.08

Asumo.

Cuando lo diagnostican, no lo crees, miras con cara de desconcierto y asumes que te están mintiendo. Cuando lo corroboran, dices que venías reemplazando a aquel que mañana te vio.
Y es que el ayer no será, mucho menos el que esperas; no sabes cuando detener aquello que tanto te atormenta, se supone que te hace reír...entonces porqué cuando no estás en su presencia rompes en llanto por no poder contemplar de la manera que quisieras, un poco más cerca.
Frente al sol, de propio con un maletín en la mano; con esperanzas moradas y escaleras que no sabes si subir o bajar; ahí es cuando mata la duda, cuando las impresiones son lo que no quieres que sea tu vida. Sabes que viene la pregunta eterna del ¿y si...? Todo debido a que no nació de ti hacer lo que nunca haces, hacer lo que la naturaleza humana dice que está bien; porque crees que escuchan todo lo que piensas, aún cuando no lo hacen con lo que dices.
¿Temes? Yo sí, todo el tiempo; porque me equivoco, porque no tolero lo que es sufrir, porque no soportaría fallar y caerme otra vez, porque no quiero sumar otra derrota a mis ilusiones, porque quiero terminar de vivir con intentos fallidos como historias para contar bajo un árbol en una tarde de otoño. Es que las hojas se secan, como los cansados sentimientos, se caen como las más intensas emociones, se desintegran como el más disimulado silencio.
Asumir. Pero si vives de negaciones, no te puedo exigir que interpretes una declaración de verdad, una vez te vi dudar, caer en silencio y no decir lo que tus ojos hacían; perdiste el momento, ya se voló como lo fue la paciencia de aceptar en ese sumiso, inesperado y adrenalínico instante. Las grietas que gritan en el vacío destino, se ven dos veces en la vida, cuando naces y cuando terminas de hacer lo que viniste a decir; pero si te encuentras con otra que el paso no contemplaba, y la dejas pasar; creeme que vivirás lo que queda pensando otra vez en el ¿y si...?
No creo en los arrepentimientos, no creo en las mentiras aunque a veces abusemos de ellas, esconder el intento de fidelidad en una brutalidad tan densa y consecuente. Entiendo de deslices, de impulsos, de arranques geniales y de pausas de locura, pero no me trates de dar engaños, que lastiman aún más que asumir el frío del invierno, y dejan más rastro cual alambre de púas mal cortado. Me gusta pensar que no harás lo que sueño, ya que no lo sabes y mucho menos se te ocurriría sumir agresividad en lo sutil de los encuentros, es que no sabría levantarme cada día con otras descepciones; hasta ahora obviarlas, como a mis dilemas, me ha resultado bastante bien, óptimo y eficiente.
En una ocasión quise creerle al azar, mientras me autoconvencía ilógicamente comprendí lo perdida que estaba mi proposición; no vale la pena confiar de la manera que quise. No sé si pueda cambiarlo, irreversible, pero al parecer en el universo no hay materia dispuesta para arreglar errores como yo. No aprendí a esperar, no supe como comandar aquello que me decía estaba incorrecto... es que me dejo llevar, me prohibo sentir, permito que pasen cosas para no creerme inerte, vegetal.
Si hay algo que debe aceptarse, es la culpa. Lo que ha pasado, a parte de ser enjambres cósmicos con influencias alienígenas, no es más que el reflejo de lo que no debe ser; nunca fui ni pretendo ser perfecta, prefiero quedarme en el propio desequilibrio y desgaste desenfrenado; en algún momento tendrá que parar.
Es que la angustia respira por sí misma, la nostalgia sabe cuantos pasos caminar para dar en el punto de encuentro más correcto; y la ansiedad entiende desde sus inicios que maneja completamente las caricias y los más falsos abrazos, como también todo lo que expresas al terminar el día.

17.4.08

Reacio.

No le des lógica a la vida, terminarás quitándole el inmóvil motor del sinsentido. Ansias de aprender a esperar, conocer un poco de la Paciencia, las proyecciones concretas que cada día amenazan con acercarse más; entender en ciertas premisas la propuesta que periódicamente hacen la Puntualidad y la Coherencia. Creo que a veces resulta algo complejo cuando mezclamos la icongruecia propia de nuestro ser con el exotismo que nos tiene deparado el tan despreciado cosmos.
Dificultades, al intentar creer que aquello que respiramos es de verdad, que esa realidad no es más que el boceto de nuestras maquinaciones más desquiciadas en momentos donde el inconsciente sabe que puede hacerse dueño de la voluntad y el mundo entero. No vale la pena hacerse la idea de que las inagotables reiteraciones darán resultado, pasó nos perdimos en el tiempo, como una buena historia para transmitir en tediosas tardes de domingo por la radio. Fuimos un soplo de la capsiosa inmensidad, una ilusión mal interpretada, un estatua a medio terminar y un poema en honor a la locura.
Eterno suena como una palabra asumida, colectividad de impaciencias propias del exceso de control, de creer que está todo en nuestras manos, para darnos cuenta de que no es así en la densidad de su esencia. Mentiras que aguardaban un poco de comprensión, invenciones que no dejaron lugar al mismisimo tiempo, no supo encontrar la forma de pasar, así que se detuvo, y contempló todo lo que su entidad originaba; irónica y paradójicamente, se declaró incompetente y reacio; ni siquiera los malabares suspendidos en el aire le entregaron motivación para reanudar esperas. Se decidió por continuar, cuando la imagen había sido modificada por alusinasiones donde no queda espacio para el dolor.
El azar es tan incierto como la vida, no saber porqué, apostar al destino es darle crédito al inconstante mañana; esperar que la biblia te mencione resulta catastrófico, caminar entre pueblos fantasmas parece estúpido, hasta que uno se aparece.
Ilógico, inexplicable, por sentir, por inercia, por incertidumbre... por no quitarle el sinsentido a la existencia.

11.4.08

Cromatización.

Extraños, perfectos en desconocimiento, con intenciones interesadas a la luz, sin voz ni opción.
A pesar de esto, eran empastados libros dispuestos a desempolvarse, eran islas que se debían descubrir... Sí, cada vez que los ojos cruzaban miradas, era como si el uno leía al otro, era como poder ver los ingredientes de la secreta receta de la abuela, que hace años no tienes el gusto de paladear.
No cabía espacio para hacer explícitas preguntas, hay que conservar el misticismo de la incertidumbre, darle un matiz de incongruencia, agregarle unas gotas de locura desmedida, imaginación inagotable y un toque de desesperación, debido al caos interno. Inspiración, en el medio de la noche, en el momento menos indicado, con un temporizador sin baterías, con ilusiones que jamás se concretarán, que no se saben identificar, que sólo se dedican a influenciar caídas de vulnerables, de aquellos a quienes la voluntad es la que los controla.
Descongestión de todo cuanto vive en el centro de las mentiras, porque vivimos entre verdades que a sí mismas se esconden. Sin argumento, no trates de justificar la perdición de las básicas explicaciones que intentaste darme alguna vez, en esa situación. No escucho; ni lo que quiero ni lo que no se me antoja, querer no saber lo que piensas... Reniego de todo cuanto dije haber aceptado, me entrego al azar, temerosamente, al viento en sí y a lo que conlleva el desgaste. Es que no conozco de proyecciones, menos de planificaciones... creo que a penas sé qué haré mañana, trato de organizar castillos en el aire para no sentirme fuera del rango social aceptado, porque allá para todo existen metas, para todo hay premisas desagradables, para todo hay que cumplir y dejarse llevar por manejos expertos de masas televisivas.
Error, evitas lo que aborrezco, egocentrismo... no sé cuánto duran los lapsos en donde no eres el mismo de ayer, creo que ocurren cada cinco minutos, y si no es así no me interesa saber que existen, no cumplen mayor papel en el trazo vital de lo que llamas camino. Sumergir opiniones camufladas en lo que te dice lo que no es; teme, no eres tú el que habla... es aquel que nunca pensaste tener en tus cejas. Y llega con flores, y el mundo es bello y perfecto, que se pudra; no me vengas con tus últimas invenciones de las distintas formas de apreciar el alma, que no existe más de lo que no quieres pensar para encontrarle un sentido supernatural y justificar LA existencia. Dale un tono, un color que no te deje atónito. Un estado que te permita apreciar y odiar, una fase donde no sólo seas tú en tí, sino el todo en el sur del magnetismo propio del "no sé"; otorgale también manejo a lo ajeno del desconocido que te rozó la espalda, a lo intenso de esa gota que inició el temporal, a lo poco extremo del rayo de luz que lo terminó.
Una vez un ser estrambótico, en una alusinación me dijo: "No te vayas a perder, mira que el camino es estrecho, curvilíneo y con muchos desvíos enigmáticos que ni ellos mismos saben a dónde van; vive lo que tienes y lo que sientes, sé lo que el destino inseguro te llama, y cuida esos detalles que no volverán si no los consideras".