Será como extraviarse una tarde completa en la ínfima extensión del bello Portofino ubicado en las costas itálicas, esperaría fuese un sueño que no quería recordar. Escuché de manera explícita que debía hacer algo, asumí de modo incuestionable que era así. Hoy, la lluvia que inundó los parabrisas de cada mente que se dignó a poner un pie fuera de su refugio, me terminó de colmar la poca paciencia que le tenía a la ilógica puntualidad; cómo esas veces en que miras al cielo, ves nubes y te auto - convences de que todo tiene un curso casi perfecto, pero en realidad no sabes ni por qué estas vivo. Para qué casi matarse por llegar a un supuesto, si cuando sea así no quedarán más opciones que rendirse a la verdad, y aceptar ese rastro que te lleva siguiendo desde que naciste, esa marca, ese distintivo indicador en la masa colectiva que avisa el catastrófico desastre que eres; que amenaza con la solitaria cercanía, para evitar hecatombes imperiales y derrumbes neuróticos de cada par de ojos que se dignó a discriminar tu exterior, siendo la expresión de tu más íntimo inconsciente.
Es temporal, accesorio, hecho para cubrir y encubrir aquellos insignificantes y mundanos deseos que llevan a buscar una nueva manera de motivarse al despertar cada mañana... Suena depresivamente derrotista, pero qué; acaso me mentiras y me contrarrestaras con aquel clásico cliché de que la vida es bella; pues descepcionate. No tiene aptitud de ser cualitativa, no es sólo ser, existir, implica también un razonamiento bastante complejo y abstracto, que conlleva no sólo a la cobardía de ridiculizar porque sí, sino que también a la interminable e incontestable duda que define cual sea el curso que tu conciencia cree como el menos inestable... Estabilidad, palabra extraña, a mi parecer, para la especie de seres pensantes, según concensos buscamos equilibrios estables y equitativos, hasta hace poco me encontré perdida en el laberinto de la imposibilidad de alcanzarlo, así me trataron de extraña, me acusaron de mentirosa y me delataron frente la inminente propiedad de la nada, ¿de qué?, pues de que no llevara contenido que llenara a cualquier vaso esencial que optara por ubicarse frente a mí más que la propia locura que me otorgó la incertidumbre de la existencia, porque definitivamente no tenía nada que entregar ni ofrecer, y porque cruzar esa mirada conmigo era perder cuantiosos y costosos segundos en el tan cotizado tiempo que se mueve hoy en día por las calles del transitado centro.
Me preguntaron dónde había ido, me dijiste que había gestos míos que se te quedaron marcados en mínimos recuerdos, obvié que sabías aquello que nunca quise decirte, y aún así el mañana se olvidó de tratar ciertos temas en nuestra reunión; es que no llegó, sólo apareció la redundante y melancólica memoria acompañada de todas esas instancias que quisiera dejar atrás y que no hacen más que traer al presente lo que duele la mala suerte y una garganta aburrida de reiterarse en los mismos errores.
Volviendo a la celebridad de ponerle nombre a todo... "El ser humano es el único que se tropieza hasta dos veces con la misma piedra"; no calzo. He chocado cantidades eternas con el mismo muro, con la misma equivocación y la tan parecida pérdida de tiempo en ilusiones, es que siempre termino en lo mismo, en la resignación.
Quiero que cuestiones conmigo, que me hagas entender lo que una noche de lluvia silenciosa no pudo hace décadas atrás. Quiero que no seas esa memoria imposible que sé nació y murió en el siglo que viene; a veces, de manera egoísta, quiero tantas circunstancias, me molesta cuando lees y entiendes lo que pienso, sabes que no haré nada, sé que tú menos; pero existe una incoherente y azarosa coincidencia. Místico e inagotable, cuando se vuelva más implícito avísame, ahí estaré.