Es lejano, resulta que me figuro con colisiones múltiples entre una y otra idea emocionalmente agrietada, digo lo que no quiero y dejo entrever algo fácil de malinterpretar. Cuántas veces esperé en vano, para llegar a notar lo mutante de mis equivocaciones. Intenté exponer un poco lo que aquejaba y terminó en una omisión de conformaciones sin estructura mayor que la que no existe.
Las calles se humedecen a medida que el calor primaveral amenaza, las noches son bipolares y poco coherentes... A veces quisiera que las cosas fueran tan distintas, tan poco predecibles, tan poco acostumbradas; no da a lugar querer negar premisas tan básicas como el desconocimiento de la situación. Era tarde, lo es aún, será siempre tarde... Porque así es como aparece la relación entre lo que ocurre constantemente con mis desiciones inoportunas y con mis elecciones sin fundamentos.
La verdad, es que no estoy en estados de lucidez máxima, para variar, no es que sean inducidos, no, va más por el hecho de no encontrarse frente a un espejo; quien se refleja es un extraño y te miente. Y no le interesan tus razones, no escucha. Me perdería en inexplicables nebulosas de tu conciencia, pero no me queda otra que mirar en redondo, hacia arriba y dejar que todo "decante" si es que puede hacerlo. Pensé otra vez en cómo me hubiera gustado mudar efectos propios de lo que no se interpreta, pero no tengo más recurso que mi desabrida y poco convincente imagen de persona.
Por otro lado, no quiero saber de más impertinencias como pedir permiso para saber cómo me llamo, o dar paso a una duda mal escrita para preguntar si se puede abrir la puerta; mi nombre está ahí... para eso existe, no pidas permiso. La puerta, a veces, queda mal cerrada, no es difícil notarlo, generalmente se congelan los sesos y las ganas de seguir enfrentándose a lo increíble; pero al igual que mi nombre, está ahí.
Palitos de fósforos, que por más que quiera, sí se han ido cayendo, lenta y corrosivamente, en momentos abruptos y descepciones irreales. Me cansé de escuchar suposiciones y lerdas propuestas en el aire; me harté de creer que las mentiras eran efímeras, me aburrí de idearmelas para esperar y comencé a odiar el inminente silencio lleno de vanales expresiones adornadas con palabras. De un momento a otro, todo resultó ser una amorfa nube que al día siguiente no estuvo, gris y densa, exclamaba a gritos su inexistencia y nula experiencia.
La lluvia destruye poemas y arma contraataques; el viento se lleva las lágrimas y sacude las neuronas; el polvo no hace más que estornudar por tenerse alergia a sí mismo.
Era tarde, no sé si todavía; las llaves no hacían distinción, permanecían inertes en un bolsillo esperando ser usadas, el cielo no hacía más que mirar y el frío quería matar los intentos; se repetía una y otra vez la misma canción, el pequeño escondite permanecía oscuro con intenciones de guardar al mundo para otra ocasión y no contaminar agregando estimaciones fallidas... Era tarde, no sé si todavía, al final no siempre es tarde, puede ser inesperado, así como la vida... En el fondo, es relativo, circunstancial y subjetivo.