Personaje, dijiste alguna vez, y a mis oídos les consta, que leías sintiendo como te gustaría en otros estados de tu subconciente. Y te vi expresar con tus taciturnos ojos, que te frustraba tanto como a mí. Preguntas al vacío llenaron en ese momento hasta el más ínfimo recodo del lugar tan extenso como tu memoria; pero eran de esas inquietudes que se desvanecen con el tiempo, así como asumir el miedo de que hay cosas que no ocurren por no hablarlas.
Extraño, tú que me observas mientras te contemplo; al parecer no hacemos más que perder el rumbo de aquellas situaciones que creíamos habían encontrado su permanencia estable. Pareciera que tanteamos opciones en una cuerda floja, lo dicho hoy se puede derrumbar mañana por el sólo hecho de aquella constante e imbatible eternidad; es que se les ocurrió la magnánima idea de hacernos pelear con el abismo, siendo el primero en nuestra lista de amigos.
¿Y qué va a pasar cuando las hojas se aburran de caer los otoños que faltan por venir? ¿Es que acaso el invierno se contagiará alguna vez de esas epidemias sociales que desata la relación entre frío y soledad? Somos entes climático-dependientes... sólo a veces. Innegable es sentir la lluvia caer con tanta fuerza y desquite que no deja rastro del daño.
Me respondes cuando doy la vuelta, me miras otra vez esperando lo mismo que espero del mundo entero; así me omito y te vas. Caminas a pasos rápidos y decididos, como para que no pueda alcanzarte si me arrepiento de haber excluído; porque hay cosas que no todo el tiempo es necesario manejarlas, ni mucho menos saber de ellas. Durante el intertanto, en donde se niegan sueños y maquinaciones de vagas conclusiones, creías decaer junto al ocaso que acompañaba de fondo, al ver que hay fenónemos que no se deben obviar.
Defecto perdido de la negación absoluta, llegué a convencerme de lo primitivo que puede llegar a ser un porqué, y aún así insistía en preguntar, siendo que era mucho más destructivo que haber metido mis ideales en una enorme maleta para seguir ese camino sin marcas ni huellas, en donde no me podían encontrar otra vez, a menos que no me buscaran. Somos como una leyenda en un mapa sin mayor conformación que aquellas inimaginables edificaciones sobre supuestos y aparentes del sentir.
Encontrado ente de perdidas apariciones, andabas lento mientras ocurría; pero no lo pudiste notar porque un fuerte reflejo así lo quiso. Estabas en lo correcto, se consolidaron premisas y no me quedó otra que desaparecer.
"Es que resulta que somos demasiado viscerales" ¿ Y acaso por esto nos dejamos vencer, temer y marcharnos?
No había identidad, el opaco entorno no dejaba entrever tus dilucidaciones de mi desagradable conversación, pero ¿Qué más da? Si al final sólo sabemos que no hay espacio que se aleje de ser temporal, ni afirmación que se contenga a sí misma. Es que pareciera que aún queremos esperar, que nos queda algo por pensar.